
Madres, esposas y hermanas llegaron a Servicios Periciales con fotografías, recuerdos y la esperanza de encontrar respuestas. Algunas llevan meses buscando; otras, más de una década. Todas comparten el mismo dolor: no saber dónde están sus seres queridos.
Por Ángel Hernández
Xalapa Veracruz, Ver.— Hay quienes llevan seis meses esperando una llamada, quienes acumulan 11 años sin recibir respuestas y madres que todavía recuerdan la última vez que vieron salir de casa a sus hijos.
Esta vez, la búsqueda las llevó a Servicios Periciales, donde familiares de personas desaparecidas, provenientes de distintas regiones de Veracruz e integrantes de diversos colectivos, fueron convocados para revisar prendas, objetos personales y cuerpos de personas fallecidas que se encontraban en situación de calle, con la esperanza de encontrar algún indicio que permita identificar a sus seres queridos.
Llegaron buscando respuestas, aunque encontrarlas podría significar enfrentar la noticia que ninguna familia quisiera recibir.
“Yo lo único que pido a las personas que se lo llevaron es que me lo regresen. Les pido de corazón que me lo regresen. No pido más, solo que me lo regresen”.

Es la súplica de Patricia Torres González, quien busca a su hermano Flavio Torres González, taxista desaparecido el 21 de abril de 2026 en Medellín de Bravo, presuntamente en la zona de Playa de Vacas.
Patricia desconoce por qué se lo llevaron. Asegura que su hermano no se dedicaba a ninguna actividad ilícita y que sus padres, ambos adultos mayores, sufren profundamente su ausencia.
“No sé si se lo llevaron por equivocación. Yo solo les pido que me lo regresen o una llamada anónima para saber dónde nos lo dejaron”.
La denuncia fue presentada desde el día de su desaparición, pero asegura que, a casi seis meses, la familia continúa sin respuestas concretas.
Once años buscando a su esposo y a su cuñado

Entre las familias que acudieron se encontraba Yarendy Ramírez Aguilar, originaria del Estado de México, quien busca a su esposo, Juan Ofelio Ayala Carreño, y a su cuñado, Filadelfo Ayala Carreño.
Ambos desaparecieron hace 11 años en Boca del Río, cuando habían viajado para recoger un automóvil adquirido en una subasta bancaria.
Desde entonces, Yarendy vive con la incertidumbre de no saber qué ocurrió con ellos.
Relató que durante años enfrentó dificultades para obtener apoyo de las autoridades y que fue hasta su incorporación al colectivo Justicia y Dignidad Veracruz cuando comenzó a percibir mayores avances.
Pero además de investigaciones, pide algo que considera indispensable: atención psicológica para quienes viven esta tragedia.
“Pido mucho apoyo psicológico para las familias, porque son familias que ya crecemos rotas y que es muy difícil reconstruirnos”.
“¿Dónde están? Son muchos, son muchos”

Rocío Casales Matus también acudió con la esperanza de encontrar alguna respuesta sobre su hijo, desaparecido el 30 de septiembre de 2025.
El joven salió de su casa en Nogales para encontrarse con su novia, quien vivía en Orizaba. Ninguno de los dos regresó.
Desde entonces, Rocío lo busca y cuestiona la inseguridad que enfrentan los jóvenes.
“Yo me pregunto: ¿dónde están? No son unos cuantos, son muchos, son muchos. ¿Dónde están?”.
Su reclamo se dirige también a las autoridades, a quienes exige mayor seguridad y atención a las familias que diariamente denuncian nuevas desapariciones.
“Una noche sin saber dónde está tu hijo es espantosa”

Para Lourdes Olea, madre de César Alejandro Domínguez Olea, desaparecido el 21 de abril de 2025, cada día representa una lucha contra la incertidumbre.
Su hijo salió de casa para atender un asunto legal relacionado con las visitas a su pequeño hijo. Acudió a una cita con su abogado, regresó a su domicilio y posteriormente volvió a salir. Desde entonces, nada se sabe de él.
“Para nosotros ha sido una pesadilla. Es desgastante económicamente, físicamente, psicológicamente”.
Lourdes cuestionó la falta de coordinación entre las instituciones encargadas de investigar las desapariciones y pidió a la gobernadora Rocío Nahle García mayor sensibilidad hacia las familias.
“Lo que necesitamos son respuestas para poder localizar a nuestros familiares, porque para nosotros es una pesadilla tener un día sin él. Una noche es espantosa, no saber dónde están, qué pasó con ellos”.
La búsqueda que ninguna familia quisiera hacer

La jornada en Servicios Periciales dejó al descubierto una realidad dolorosa: familias que, ante la falta de noticias, deben revisar pertenencias y posibles indicios de personas fallecidas para intentar saber qué ocurrió con quienes desaparecieron.
Para algunas, la búsqueda apenas comienza. Para otras, han pasado tantos años que la espera se ha convertido en parte de su vida cotidiana.
Aunque sus historias son distintas, las une una misma exigencia: investigaciones efectivas, mayor coordinación institucional y respuestas que permitan conocer el paradero de sus familiares.

Aseguran que mientras para las autoridades puede tratarse de una carpeta de investigación, para ellas se trata de una silla vacía en casa, una llamada que nunca llega y un abrazo que sigue pendiente.
Y entre la esperanza de encontrarlos con vida y el temor de reconocerlos entre los fallecidos, estas familias continúan buscando.
No piden privilegios. Piden saber dónde están.