
Por Ángel Hernández
Yecuatla, Veracruz.- Al ritmo de la flauta y el retumbar del tambor, las calles se llenan de pasos que no son comunes: no caminan, danzan. Así se vive el Carnaval del Torito en Yecuatla, una celebración única en la región que, más que una fiesta, es memoria, identidad y herencia cultural que ha sobrevivido por generaciones.
El torito salta, gira, se inclina y se bendice. Es cargado por participantes que recorren las calles mientras la música ancestral marca el paso.

La escena se repite año con año y reúne a niños, jóvenes, adultos y abuelos en una tradición que, de acuerdo con estudios comunitarios y testimonios de habitantes, tiene más de cien años de historia.
Esta festividad inicia con la bendición en la iglesia y continúa con recorridos por los cuatro cuarteles del pueblo, divisiones territoriales heredadas desde tiempos antiguos que hoy siguen vigentes gracias precisamente al carnaval. Cada barrio construye su propio torito y lo hace bailar como símbolo de orgullo y pertenencia.

Para el antropólogo histórico Víctor Manuel Francisco Utría, esta celebración representa un claro ejemplo de religiosidad popular. En ella se mezclan elementos tradicionales de la comunidad con el pensamiento católico, dando origen a una manifestación cultural singular que no se repite en otras zonas cercanas.
Pero para los habitantes, el significado va más allá de lo religioso. El torito representa veneración a los ancestros, esperanza y conexión con la tierra. Durante la fiesta, se le invoca para pedir lluvia, buenas siembras y prosperidad en las cosechas, reflejando la profunda relación entre la tradición y la vida comunitaria.

El carnaval también es convivencia. Tras los recorridos, las familias comparten alimentos tradicionales como los tamales de mantilla y el tepache, sabores inseparables de la celebración que fortalecen los lazos entre vecinos y visitantes.

Durante décadas, la festividad enfrentó un periodo de debilitamiento debido a cambios económicos y sociales; sin embargo, el rescate impulsado por los propios habitantes permitió que hoy vuelva a vivirse con fuerza, involucrando a nuevas generaciones que aprenden desde pequeños el significado de esta herencia.
Más que un espectáculo, el Carnaval del Torito es una manifestación de identidad colectiva. Es historia que se baila, memoria que se escucha en cada tambor y tradición que se mantiene viva en cada paso.

En Yecuatla, cuando suena la flauta, el mensaje es claro: el torito no solo se baila… se honra, se hereda y se vive.