
Ángel Hernández
Xalapa, Veracruz. – Durante 43 años, el Escuadrón Nacional de Rescate (ENR) ha sido un referente de solidaridad, valentía, entrega y amor por la comunidad en Veracruz y otras regiones del país.
Fundado en 1982 por Vicente Leyva de la Cruz, el grupo surgió tras un accidente automovilístico en Atzalan, donde jóvenes resultaron heridos y la ayuda tardaba en llegar. Desde entonces, su misión ha sido clara: proteger y asistir a quienes más lo necesitan, impulsados por un profundo sentido de humanidad, sin recibir compensación económica ni apoyo gubernamental constante.
“Todo lo que hacemos es en pro de la comunidad. No cobramos por los servicios realizados”, explica Leyva de la Cruz, cuya motivación radica en el amor por ayudar, el compromiso con la vida y el deseo de inspirar a las nuevas generaciones.

Esa convicción ha permitido que el ENR crezca hasta contar con 32 delegaciones en Veracruz y presencia en otros estados, incluyendo Tamaulipas y Nuevo León, formando un equipo sólido de voluntarios altamente capacitados, que actúan con disciplina, profesionalismo y el corazón puesto en cada rescate.
El Escuadrón se especializa en rescate en zonas agrestes, atención prehospitalaria, extracción vehicular, salvamentos acuáticos y búsqueda de personas, interviniendo donde los recursos oficiales no llegan y siempre ofreciendo apoyo inmediato y humano.

Cada misión requiere preparación, coraje y entrega, cualidades que sus miembros refuerzan mediante entrenamientos y encuentros anuales especializados.
Además, el ENR apuesta por formar nuevas generaciones de rescatistas a través del programa “Sembrando la semilla”, dirigido a niños desde los 10 años y a jóvenes en formación. Este programa no solo enseña técnicas de rescate, sino que inculca valores de solidaridad, apoyo mutuo y responsabilidad social, asegurando que la cultura del rescate y la ayuda permanezca viva y que los sueños del ENR continúen en las futuras generaciones.

Entre los momentos más significativos de su trayectoria, Vicente Leyva recuerda largas caminatas junto a personas heridas hasta lograr apoyo aéreo y nacimientos asistidos dentro de ambulancias: experiencias que, afirma, “marcan la diferencia y nos recuerdan por qué seguimos adelante y por qué cada esfuerzo vale la pena”.
A pesar de los retos, incluida la falta de apoyo institucional, el ENR mantiene su compromiso firme con la comunidad, demostrando que el heroísmo también se construye con constancia, pasión y vocación de servicio.
Vicente comparte su visión y su mayor aspiración: “Mi sueño es que algún día el Escuadrón Nacional de Rescate cuente con el respaldo institucional que necesitamos, para poder crecer, capacitar mejor a nuestros voluntarios y alcanzar a más personas que requieren ayuda”.

El Escuadrón Nacional de Rescate es hoy un ejemplo de entrega, valor, apoyo y humanidad, un referente de cómo la organización, la voluntad y los sueños compartidos pueden salvar vidas y transformar comunidades, reafirmando que en cada emergencia hay quienes responden con corazón, sin esperar nada a cambio.